LA NEGRITUD EN TOLUCA Y LAS MUJERES

Se ha concebido históricamente a la mujer como el ser suave y dulce, sentimental, afectiva, histérica, maternal, recatada, débil, protegida, dependiente, sumisa, insegura, bonita, monógama, masoquista, de su casa, etcétera, en contraposición al hombre que es considerado duro, rudo, frío, intelectual, obsesivo, ¿paternal?, audaz, fuerte, protector, independiente, dominante, seguro, ¿feo?, polígamo, sádico, del mundo, etcétera. Lo anterior es producto de la evolución histórica, desde la desaparición del matriarcado en donde la mujer poseía una superioridad por conservar la magia de la reproducción, fenómeno imposible en el hombre, también es cierto que hoy todavía el hombre es incapaz de concebir, pero la magia se esfumó desde el instante que el hombre se supo elemento clave para la concepción.

Fuente: 4 sucesos importantes de la Historia de México.blogspot.mx 
Empero todo lo anterior que no se niega en la mujer, tampoco se puede afirmar al cien por ciento, porque la escritura de la historia del hombre por parte de los hombres, ha relegado a las mujeres, en la gran parte de la Historia de México la ha excluido, sin reconocer que "La mujer se constituyó en el cimiento económico invisible de la sociedad de clases. Por el contrario el hombre cristalizó el trabajo visiblemente económico".

Esta invisibilidad no le quita autoridad a la mujer de haber sido columna de la economía y de la sociedad. En esta investigación solamente me encargaré de presentar ejemplos de mujeres anónimas, que hicieron posible la evolución de la sociedad del Valle de Toluca durante el siglo XVII.

Mujeres, negras y esclavas

Las mujeres que aparecerán en este texto pertenecen a las tres razas principales que tuvieron presencia en el México Colonial -negras, indígenas y españolas-. La primer interrogante por obvias razones -conocimiento de la historia- es ¿cómo una negra puede ser la fuerza de la sociedad? La esclavitud era una actividad que enriquecía a unos pocos y sometía a los más débiles, hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, no importaba el sexo, no importaba el género, indiscriminadamente eran sometidos unos y otros, así que, cómo afirmar que las mujeres fueron importantes para la sociedad. A la esclava se le trataba como un bien mueble, la negra esclava realizaba un trabajo que eximía del mismo a los blancos o a las españolas, es el caso de las negras chichihuas, mujeres encargadas de amamantar a los que después llevarían las riendas de la economía y la política colonial, las mujeres blancas no amamantaban porque el cuerpo se deformaba, así, muchos de los grandes hombres de negocios, de la política y de la sociedad colonial, fueron amamantados, criados, alimentados, con leche de esclavas negras.

La mujer negra tenía un costo superior a los varones, cuando estaba embarazada, porque se tenía una ganancia en el producto, la compra de una negra era una inversión, cuando se encontraba en condición reproductiva, embarazada o lactando, era inversión porque se aseguraba mano de obra a bajo costo. Se puede afirmar que estos no son pilares de la sociedad, si no reconocemos que en la negritud está nuestra tercera raíz, no podremos afirmar que fueron fundamentales para la evolución social de nuestra región.


La esclavitud era su condición, no tenían opción, aparte del suicidio, pero encontraron formas de sobrevivir y algunas de ellas de vivir a modo de las comunidades negras, pero finalmente vivir, es el caso de las mujeres que escaparon junto con los hombres para formar palenques en las montañas. No es el caso para el Valle de Toluca, pero sí podemos afirmar que la fuerza de la mujer vasta, cuando leemos documentos como el juicio que emprende María de la O, en contra del administrador, español, de un obraje, por haber asesinado a su marido. Tampoco se concibe que una negra, esclava y mujer haya podido dar cause a un juicio en contra de un español, mucho menos si conocemos las leyes que dominaban las colonias españolas, dentro de las cuales afirmaba que la mujer no podía participar en tareas masculinas tales como las de abogar por otros, sin embargo, el juicio está documentado y ello nos hace pensar que aún contra la ley, el uso y la costumbre escrita en la historia oficial, la vida cotidiana permitía, a la mujer, tener injerencia en asuntos en los que solamente un hombre podía acceder.

Las mujeres negras que encontramos documentadas para el periodo 1600-1648 tienen distintos intereses, que no conocemos porque no nos los ha hecho llegar la historia oficial, aunque se puede preguntar a los documentos y constatar que hubo mujeres que adquirieron su libertad por los servicios que restaron a sus amos o amas, por ejemplo.

Asimismo encontramos aquellas, esclavas, que acompañaron a la monjas hasta la muerte de una de las dos, mujeres que fueron llevadas como prenda de dote y que aprendieron junto a sus amas monjas las labores del convento y sin embargo no figuran, como no lo hacen el armario ni el buró, pero que tuvieron tensión, que aprendieron y muchas veces dieron fortaleza para que una Sor Juana Inés de la Cruz está en las páginas de la historia.

"De repente se le ocurrió la mejor forma de trazar el movimiento y mandó a Juanilla espolvorear todo el suelo de la cocina con harina. Cuando las niñas hicieron girar las peonzas en la harina Juana observó que a mayor rapidez, más pequeña era la espiral que describían en el polvo blanco, y cuando la velocidad de las peonzas disminuía, las espirales se alargaban hasta formar una elipse. Imaginó que de esta misma forma girarían los planetas alrededor del Sol. ¿Qué ves?/ Un buen huevo desperdiciado -replicó Juanilla- y el último resto de piloncillo echado a perder. / ¿Y qué esperabas? Estamos estudiando el universo. La ciencia es cara, Juanilla. / ¿Hemos terminado, madre? /De momento sí".

Mujeres que aprendieron ¿cuánto? ¿qué? No sabemos, lo que podemos afirmar es que aprendieron a vivir y a hacer vivir a sus hijos, comprando su liberta ¿cómo? Es algo que la investigación histórica nos dirá en algún momento.

Catalina Angola, negra libre, vecina de la Ciudad de México, se compromete a pagar a Diego de Valencia de la Ciudad de Los Ángeles, 100 pesos, cantidad que fue prestada para comprar a su hijo Juan, negro esclavo de 9 años de edad, de quien el Convento de San Agustín había hecho trato de venta con Diego de Valencia; la madre lo recupera mediante la paga de 220 pesos.

Mujer: ¿Imbecilitus sexus?

Las mujeres tenían poder económico y social en muchas sociedades antes de que los europeos empezaran a extenderse por el mundo, difundiendo su creencia de que la mujer era inferior por naturaleza al hombre, inclusive la Ley la califica de imbecilitus sexus, aún así, la mujer representa una fuente de poder no explícita en la historia. Las mujeres de la Nueva España estaban divididas por estratos sociales dentro de los que se encontraban las razas y las castas. Las tres razas predominantes en la Colonia: españolas, indígenas y africanas, fueron registradas en los archivos parroquiales, cuando nacían, cuando se casaban y cunado morían, aunque las tres razas se encontraron separadas, en libros diferentes, si la vida las hacía distintas la una de las otras, la iglesia lo reafirmaba. También las encontramos en los libros notariales, ejerciendo el mando de una familia, haciendo transacciones comerciales, vendiendo, comprando, administrando, dando fe, etcétera, no era tan mujer del hogar, también era mujer del mundo.

La iglesia reafirma su papel de dependencia y sumisión de la mujer, "Ni tampoco creó Dios el hombre para la mujer, sino a la mujer para el hombre. Por tanto, en atención a los ángeles, la mujer debe llevar sobre su cabeza el signo de su dependencia".

Así el signo de sumisión y dependencia nos haría suponer que la mujer no puede hacer nada sin la palabra del varón. Si las negras compraban su libertad y la de sus hijos, podemos hablar de cierta independencia con respecto al hombre. Empero si analizamos el papel que juega la mujer durante la historia, comprobaríamos que en todas las épocas, la mujer tiene un papel importante, no en exclusiva al interior del hogar, sino dirigido al exterior, a la empresa, al trabajo, a la pelea por la sobrevivencia.

Fray Juan Luis de León en la Perfecta Casada en el año de 1538 afirma que "Y el hombre que tiene fuerzas para desvolver la tierra y para romper el campo y para discurrir por el mundo y contratar con los hombres, negociando su hacienda, no puede asistir a su casa, a la guarda de ella, ni lo lleva su condición; al revés de la mujer, que por ser natural flaco y frío es inclinada al sosiego y a la escasez, y es buena para guardar, por la misma causa no es buena para el sudor y trabajo de adquirir".

Fuente: Dra. Georgina Flores García, Socio Numerario de la SOMEGEM. Revista "Sociedad y Cultura", Órgano Informativo de la SOMEGEM. Año V Segunda Época. Abril de 2006.

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