ALEXANDER VON HUMBOLDT Y LA SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA Y ESTADÍSTICA.

Por: Anuar Garcíasalgado Jaramillo,
Licenciado en Ciencias Políticas y Administración
Pública.

La descripción del planeta tierra es una de las actividades empíricas más antiguas desde que el ser humano lo habita, la necesidad de graficar su observancia ha ocupado una notable constancia de tiempo y espacio, esto es precisamente la esencia de la ciencia geográfica moderna; en todas las culturas y tradiciones alrededor del mundo se encuentran registros de todo lo que existe y se tiene la capacidad de visualizar, y por el contrario, todo aquello que no fue posible en un principio se delegó al rango de lo espiritual o divino; esta circunstancia dio paso a nuevas disciplinas como la astronomía y cosmografía. Gracias al fenómeno constelar que encontramos básicamente desde las familias, tribus, clanes, hordas etc., en el plano espacial, se logró llegar más allá de los límites de su mismo estatus de “realidad” y del conocimiento refutable.


Desde Eratóstenes, Heródoto, Claudio Ptolomeo, Pomponio Mela, Al-Idrisi, hasta Cosmas Indicopleustes, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, las culturas China y Maya ya se lograba la sistematización de cada elemento que compone la ciencia geográfica y cosmogónica; anterior a los viajes y “descubrimientos” por parte de las potencias occidentales de inmensas extensiones territoriales desde siglo XV, fue Amerigo Vespucci quien retomó todos estos compendios resguardados en la llamada Edad Media, lo que dio paso a las primeras cartografías del denominado “nuevo” continente; sin embargo fue hasta la persona de Alexander von Humboldt que se materializaba toda la bibliografía expuesta anteriormente; y en su viaje a las regiones occidentales fue que se comenzó a reformar cada aspecto físico y cultural que compone la ciencia geográfica moderna y particularmente del actual continente americano.

Tras haber conseguido en noviembre de 1799 una audiencia con Carlos IV y la Reina Maria Luisa de Parma, y con ello un “pasaporte real” para protección de “su Majestad Católica”; el mismo mes da inició el viaje de Humboldt y Aimé Bonpland a las américas del sur, centro y del norte; con empleo ejemplar de instrumentos de precisión para la averiguación entre otros, de la longitud y latitud; perfiles de países, morfología y fitogeografía; esbozos de mapas; perfiles de montañas con indicación de niveles medidos barométricamente; modelo de todos los demás viajes posteriores.

El 22 de marzo de 1803, arribó Humboldt al puerto de Acapulco; el 4 de abril a Mexcala; el 5 de abril a Taxco; del 6 al 8 de abril a Tehuilotepec; el 11 de abril en la ciudad de México; del 15 al 27 de mayo en Pachuca, Regla, Atotonilco y Actopan; del 1 al 4 de de agosto partida de la ciudad de México para una excursión y llegada a Querétaro; del 8 al 9 de septiembre en Guanajuato; el 14 de septiembre en Valladolid (Morelia); el 19 de septiembre ascensión al volcán Jorullo; el 28 de septiembre llegada a Toluca y ascensión al volcán del Xinantécatl.

“El sabio huésped amigo”, como fue llamado por la autodenominada “primera casa de ciencias en México”, el Real Seminario de Minería (1792-1811), donde a petición de “ingenieros” como Luís Martín trazó un esquema para un plano del Valle de México, tomando como base tanto las triangulaciones geodésicas que habían sido levantadas en el pasado, como diversas observaciones astronómicas, trigonométricas y barométricas, indicando puntualmente la forma y altura relativas de las montañas que separan el Valle de Toluca, Tula, Puebla y Cuernavaca; donde descubrió “imperfecciones” en la carta e hizo que en el colegio, ya corregida la carta, fuese redibujada ante su vista[1], se dio cabal cuenta de las falsas medidas del gobierno colonial unido más íntimamente a los españoles criollos y a los españoles europeos. Criticó sin reservas las condiciones de vida y la opresión que privaba en las minas, al describir la humillante costumbre de que los “mandones” llamaban “caballitos” a los hispánicamente denominados “indios tanateros; eran verdaderas bestias de carga”, que para Humboldt “esas fuerzas podrían ser empleadas para la sociedad de manera más ventajosa, pero menos nocivas para la salud de esos individuos”.

Al haber estudiado Humboldt ciencias económicas y administrativas así como letras clásicas en las universidades de Frankfürt y Göttingen, le pareció imperfecto y poco económico el método de extracción; que sin embargo, la calurosa acogida del virrey Iturrigaray le abrió las puertas a la vida científica y social virreynal; con complacencia se le mostraron numerosos archivos y bibliotecas, donde quedó entusiasmado de la ciudad de México por su belleza arquitectónica, riqueza en esculturas prehispánicas y códices aztecas.

Los historiadores y ensayistas como Ortega y Medina, Carlos Pereyra, José Miranda y sobre todo Cosio Villegas afirmaban que, “el prusiano vio a México únicamente con ojos de colonialista lo que provocaría las invasiones francesa, inglesa y norteamericana”, las cuales ya eran inminentes ante la brutalidad, ignominia y corrupción hispánica, nada raro en nuestros días.

Para Brígida Margarita von Mentz, es importante hacer notar que en la República Democrática Alemana se han hecho estupendos estudios acerca de la influencia que Humboldt tuvo más tarde sobre los acontecimientos políticos en Latinoamérica, siendo partidario de un sistema político liberal y económicamente libre cambista, desde luego influenciado por Adam Smith y, consecuentemente, como manifiesto opositor al esclavismo y a la servidumbre en cualquiera de sus manifestaciones; no le paso por desapercibido cómo, donde existe un sistema de clases rígido, encontraba el visitante construcciones grandiosas y mucha riqueza, más ninguna “cultura moral”, pues esta “solo es el resultado de la libertad individual” [2]; su postura ante la independencia de las antiguas colonias españolas fue escuchada al llegar a París (1804) por Madame Dervieu du Villars, aristócrata venezolana, quien según Hanno Beck[3], le presentó a su primo quien había viajado a Europa, el joven de 21 años se llamaba Simón Bolívar y de inmediato simpatizó con Humboldt al escuchar que citaba series de cifras estadísticas que documentaba inequívocamente el valor de las colonias españolas, y es así como el propio Bolívar llamó más adelante a Humboldt el “descubridor del Nuevo Mundo… cuyo estudio había dado a América algo mejor que los propios conquistadores”[4].

El paso de Humboldt por México continua la siguiente cronología: en 1804 del 9 al 12 de enero inspección del canal del desagüe de la ciudad de México; el 20 de enero salida de la ciudad de México, donde ya había escrito su “Essay de Pasigraphie”, y examina en él, la exposición de fenómenos geológicos por medio de signos, ante todo, dos clases de mapas (perfiles), esto es: “Cartes des hauteurs ou des inégalités du sol y Cartes des formations ou de la nature des roches”; del 22 al 25 de enero llegada a Puebla; del 19 de febrero al 7 de marzo estancia en Veracruz; del 7 al 19 de marzo travesía de Veracruz a la Habana; el 29 de abril partida de la Habana a los Estados Unidos; del 20 de mayo al 9 de julio estancia en los Estados Unidos; y del 9 de julio al 3 de agosto travesía de Filadelfia a Burdeos.

El estrecho vínculo con las comunidades científicas galas y la larga estancia de Humboldt en Francia dio paso a que en 1821 fundara la Société de Géographie en París, preparada por Malte-Brun donde Humboldt figura en la comisión central, que sin embargo tras la separación de las colonias españolas en América (1810 a 1824) y ante la incertidumbre política que azotaba también a toda Europa particularmente las relaciones franco-prusianas, Humboldt escribe una carta a su hermano Wilhelm en 1824 donde expresa la intención de la creación de un Instituto Mexicano de Investigación, “tengo el proyecto de un gran instituto central de las ciencias en México, para toda la América libre. El emperador mexicano (Agustín I Iturbide), a quien conozco personalmente, caerá, subirá un gobierno republicano, y yo tengo la idea firme de terminar mis días de la manera más agradable y más útil para las ciencias en un lugar del mundo en donde me aprecian extraordinariamente y en donde todo me permite esperar una existencia feliz[5].

El 12 de agosto de 1824 exponía desde París al editor Johann Friedrich Cotta el proyecto de una revista geográfica que conjuntamente con otras personalidades, se proponía publicar desde México y elevada en manifiesto a la categoría de primera revista geográfica de la época; según Beck, la noticia de las intenciones de Humboldt se extendió más allá del océano y fue acogida con simpatía por el gobierno mexicano. El 21 de julio de 1824 Lucas Alamán ministro mexicano del Exterior escribía en nombre del gobierno una carta oficial en que se decía: “La Nación entera siente vivo agradecimiento por los trabajos en los que usted ha enseñado al mundo lo que está en condiciones de ser. El Gobierno Superior se suma cordialmente a este sentimiento. Me encarga, en mi calidad de Ministro del Exterior, expresar a usted la satisfacción con la que se ha enterado de su intención de volver a este país. Esperamos que usted llevará este proyecto a cabo y que podemos felicitarnos de poder contar entre los habitantes de ésta República a una persona tan celebre como respetada, ajusto título, en todo el mundo civilizado[6].

Sin embargo, Humboldt siempre fue valorado como un extraordinario diplomático, lo que lo llevó a encomendarle por el emperador prusiano Federico Guillermo III, actividades relativas al Estado, donde el éxito fue indescriptible reuniendo en conferencias y cursos gratuitos de carácter público, a ciudadanos, damas de la alta sociedad, artesanos, príncipes reales, “al rey y al maestro francmasón” en una especie de asamblea nacional alemana, fundando así, en abril de 1828 la (Gesellschaft Für Erdkunde) Sociedad de Geografía de Berlín, que celebró su primera sesión el 7 de junio del mismo año, nombrando como presidente a Carl Rittel; con esto tenía la geografía otro punto de cristalización extra-académica, en donde para aquellos científicos, en la historia de la cultura significaron el fin del Romanticismo; en palabras del propio Humboldt: “con el saber venia el pensar… y con el pensar la seriedad y la fuerza en la multitud… ¡Ojalá dé la difusión del pensamiento a la masa, la fuerza, sin la cual no puede conservarse aquello que ya se ha conquistado!”; aquí se denosta la importancia de la descripción del universo y de la historia en sentido geognóstico, definiendo así al propio tiempo y en sentido figurado, el carácter futuro del siglo XIX.

Para 1830 participa en la fundación de la tercera asociación geográfica en el mundo, la Royal Geographical Society de Londres. En México los intelectuales liberales se percatan de tales magnitudes, y en 1833 a manos del presidente Dr. Valentín Gómez Farías harían posible la realización de los sueños del berlinés, fundando lo que hoy en día es la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, siendo ésta, la cuarta en el mundo y primera en América, consolidando los trazos para vida científica de dicho continente y en particular de nuestro país; entendiendo que el conocimiento científico es la pura expresión de la libertad.





[1] Izquierdo, José Joaquin. La primera Casa de Ciencias en México. Ediciones Ciencia. México, 1952.
[2] Von Mentz, Brigida Margarita. México en el s. XIX visto por los alemanes. UNAM & FCE, México, 1982.
[3] Beck, Hanno. Alexander Von Humboldt. Fondo de Cultura Económica, México, 1971.
[4] Idem, p. 244.
[5] Ibid, p. 296.
[6] Ibid, p.298.

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